8 de enero de 2014
Nuestra Diócesis – Entrevista - Casa de Acogida de La Guía
08 de Enero de 2014 "Enseñamos y vivimos el Amor; porque el Amor hay que enseñarlo, pero sobre todo hay que vivirlo". (M. Marisa, superiora Comunidad Casa de Acogida de La Guía) Nos encontramos en la Casa de Acogida de la Guía. La M. Marisa me recibe con una amplia sonrisa y vamos a su pequeño despacho. San José preside la pared: “Id a José con firme confianza”. La Casa respira alegría, paz, orden, luz, y sobre todo Vida. M. Marisa, ¿Por qué Asturias? ¿Con qué labor entre manos se establecen aquí? Se sonríe… No lo hemos elegido nosotras, ha sido voluntad de Dios. Esta Casa es una Obra Nueva dentro de la Congregación, es la primera Casa de Acogida para Madres gestantes, pero que encaja perfectamente en nuestro Carisma que es el Amor Misericordioso a todos, especialmente a los ancianos, niños y enfermos. En un principio la Casa, perteneciente a nuestra Congregación, acogió a niñas desamparadas, pero más adelante y como algo providencial, necesario en estos momentos que vivimos y querido por dios, la Casa se abre a madres gestantes desamparadas y a sus niños, madres que no tienen donde tener a sus hijos, a quienes acogemos y damos amor, seguridad, consejo y formación humana y espiritual: les ofrecemos un hogar temporal hasta que ellas centren sus vidas. Cuando se van, seguimos en contacto con las madres y sus niños, para que nos sientan como su familia de apoyo. Podemos decir que Dios cambió el “chip” en los planes sobre esta Casa de acogida. Nuestro papel se convierte en ser Madres para madres desamparadas, labor que realizamos desde el Amor. Les enseñamos y vivimos el Amor, porque el Amor hay que vivirlo, para poder enseñarlo. Cuéntenos de Su comunidad. ¿Quiénes conviven en la Casa? ¿De qué modo anuncian ustedes a Jesucristo, Madre Marisa? Como religiosas nos congrega la oración personal y comunitaria. A continuación nuestro día transcurre como en un hogar cualquiera, pero siempre en la presencia de Dios. Somos tres religiosas: una de Gijón, otra de chile y yo de Colombia; intercultural, podríamos decir. Así mismo lo son las madres que viven en la Casa. Ahora convivimos con una nigeriana, una española y una brasileña. Nuestra acogida, trato diario, cariño, las hace cuestionarse sobre nuestra fe, aunque a las que no desean escucharnos las acogemos igualmente. Pero ellas saben que, como religiosas, el hablar de Jesús no puede faltar en nuestra vida. Y lo hacemos. La semilla queda. Dios actuará. Defina a Su fundadora, la Beata M. Petra d